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Época Colonial

A partir de la fundación de la Ciudad de México como ciudad española en 1521 se inició una etapa de cambios que tuvieron una profunda influencia en el diseño de las áreas verdes y en el manejo de la vegetación natural del entorno; destacando los siguientes:

  • El diseño de la traza urbana afectó sensiblemente la estructura de la ciudad y el diseño de las demás localidades del entorno ya que sus disposiciones se contemplaron en una marco normativo muy uniforme.
  • La introducción de especies tanto de flora y fauna que modificaron gradualmente la composición florística y faunística de la Cuenca del Valle de México y el espectro de uso del suelo que se orientó a la agricultura y al desarrollo del pastoreo.
  • Las transformaciones del medio geográfico derivado de la deforestación, requerimientos de combustible, construcción de diques y desecación.
  • El auge de la construcción y diseño de casas, plazas y calles.

El primer espacio de transición entre los aztecas y los españoles fue el patio interior de las casas habitación donde se llevaban a cabo importantes actividades para el hombre y la familia. El carácter del patio mexicano se diferenció del español, ya que aquél no constituía más que el refugio para climas extremosos, aunque conservaba su sentido de privacidad y tranquilidad. El colorido era distinto, dada la diversidad y variedad de las plantas propias de la región, como las bugambilias y nochebuenas. Al paso de los siglos, el diseño básico del patio cuadrangular no cambió, y como desembocaban todas las habitaciones de las construcciones domésticas coloniales en él, representaban un punto nuclear de gran importancia.

Durante la Colonia, muchas casas habitación contaban con un jardín, otras se hallaban resguardadas por espaciosas huertas. Desgraciadamente, muy pocos ejemplares de jardines coloniales subsistieron.

Las plazas de la Nueva España fueron diseñadas con un gran sentido del espacio: trazadas geométricamente y en forma rectangular. Invariablemente, dichas plazas tenían una iglesia o una catedral a un lado, y en los otros tres lados, los edificios municipales y comerciales de la ciudad, generalmente dispuestos con banquetas, arcadas y portales. La función original de estas plazas era fundamentalmente de carácter cívico por lo que se denominaron también como “plaza de armas”. La Plaza Mayor de la Ciudad de México es un ejemplo de este tipo de trazo.

En la ciudad colonial cercano a la plaza de armas, se contaba con una serie de plazas como áreas verdes cuya función era fundamentalmente la convivencia y la recreación, pero la vegetación en éstas era escasa. Hacia 1560 se determinó que una superficie importante al poniente de la ciudad fuera destinada a un gran parque. Esta área fue forestada con álamos por lo que se le denominó Alameda.

Se construyeron muy pocos jardines a la manera de los europeos, en los que la arquitectura, las estatuas y las fuentes se alternan. Muestra de un jardín de este estilo fue el Pensíl Mexicano de Tacuba, al parecer de mediados del siglo XVIII, formado por bellas portadas y asientos de piedra. Se cree que perteneció a don Manuel Marco de Ibarra, cuyas armas están plasmadas en el escudo que remata una de las portadas. En Tlalpan se conservaba, hasta hace poco tiempo, un jardín de traza cuadrada, con glorietas, senderos y relieves de argamasa, fue destruido para dar paso a la carretera de Acapulco. Las huertas de los monasterios estaban dispuestas, muchas veces, como si fueran jardines, como la del Convento de los Carmelitas, fundado en 1615 en San Jacinto Tenatitlan, hoy San Angel. El huerto se encontraba bardeado y abarcaba una extensión de más de una legua y media de perímetro (8,300 m aproximadamente).

El primer espacio público de la Nueva España fue el Bosque de Chapultepec. En 1530, por cédula real de Carlos V, el bosque fue separado del patrimonio exclusivo de Hernán Cortés y entregado al Ayuntamiento, para que se destinara como lugar de recreo para el pueblo. Durante los siglos XVI y XVII fue utilizado, junto con sus alrededores, como el sitio ideal de recreo y de caza por los virreyes.

También estaba como área verde la calle de Parque del Conde, hoy cerrada del Parque del Conde, a la que se le daba este nombre porque en ella se encontraba el parque y jardín del Conde de Santiago de Calimaya, cuya residencia se ubicaba en la esquina que formaban esa calle (hoy Pino Suárez) y la calle de El Salvador.

México, país de vegetación variada, se prestaba considerablemente para la implantación de áreas verdes. Las crónicas cuentan que Hernán Cortés, con dos golpes que dio con su espada en un vetusto árbol, señaló que a partir de ahí se habían de conceder solares destinados sólo para huertas y de este modo surgió la Ribera de San Cosme. A partir de entonces, casi no hubo cabildo en que no se diera merced para la implantación de huertas dentro de sus dominios.

Un antecedente de las calles con camellón lo tenemos en la del Cacahuatal de San Pablo, que corría de norte a sur y tenía hacia el costado oriente al Hospital Juárez y una serie de casas al lado contrario. Se tienen noticias de que la calzada Grande del Campo Florido, hoy Doctor Montes de Oca, era en principio una calzada formada por árboles; iba de norte a sur, comenzaba en Arcos de Belén y concluía en una capilla dedicada a la Virgen de la Soledad. Otro ejemplo es la Plazuela de Loreto, donde se plantaron sauces, que por descuido, terminaron por secarse y fue necesario derribarlos.

La Ciudad disponía de avenidas con árboles, tales como la de Revillagigedo, la Calzada de la Piedad, el Paseo Nuevo de Bucareli y la Avenida Chapultepec, construidos en diferentes períodos durante la época colonial.

Las áreas de chinampas se redujeron en la época colonial a las de Xochimilco, Tláhuac y Chalco, quedando a la fecha solamente las de Xochimilco y Tláhuac. Todavía en la colonia existía el transporte por medio de lanchas, contándose con el canal de La Viga y la acequia que llegaba al centro de la Ciudad de México, de la que aún se conservan sus restos.

En la ciudad colonial, en su porción central, se edificaron construcciones compactas donde quedaba poco espacio para huertos. Se contaba con los patios interiores los que alojaban a lo más 2 ó 3 árboles y las macetas eran los únicos elementos para alojar vegetación. Las huertas extensas se ubicaban en los conventos, monasterios y haciendas que abundaron en la ciudad colonial. Otras áreas para el desarrollo de árboles y vegetación lo constituían los atrios de las iglesias, principalmente las conventuales. Las fincas que se establecían en los alrededores de la Ciudad tenían grandes huertas, incluyendo los árboles frutales y jardines. Estas se establecieron principalmente hacia Tacubaya.

Los principales árboles que se plantaron en la Ciudad de México fueron olmos (Ulmus spp.), álamos blancos (Populus alba), chopos (Populus spp.), fresnos (Fraxinus spp.), olivos (Olea europea) y sauces (Salix spp.) (Martínez, 1991).

Durante la época de la Colonia los españoles llevaron especies nativas de México a Europa y a su vez trajeron numerosas especies de flora y fauna, tanto de Europa como de América Central, del Sur y de las Antillas, como el pirul (Schinus molle) que proviene de Perú.